Que lo sepas

5/30/2006

Política y corrupción, lo de siempre

Los políticos ya no saben qué hacer para que se hable de ellos. Acusan al contrario y escupen tan alto que les cae encima. Eduardo Zaplana, fustigador del PSOE, del Gobierno y de aquel que se le ponga delante, ha anunciado que tomará medidas legales contra quienes le han envuelto en el caso Terra Mítica, en el que está implicado su ex cuñado, Justo Valverde. Al actual portavoz del Partido Popular en el Congreso y ex presidente de la Generalitat valenciana le toca ahora defenderse de las acusaciones de cobro de comisiones que le han lanzado los diputados socialistas en las Cortes valencianas Antoni Such y José Camarasa. La denuncia iba acompañada de dos grabaciones en las que los empresarios José Herrero y Antonio Moreno Carpio, imputados en el caso, vinculaban a Eduardo Zaplana con el fraude, aunque reconocían que no le habían visto nunca con las manos en la masa. Si hace unos días pendía de un hilo la cabeza del ministro de Defensa, José Antonio Alonso, es ahora la de Zaplana la que corre peligro, hombre de confianza de Aznar y heredado por Rajoy.

El PP ha calificado el hecho como una “operación de persecución y de linchamiento” contra Zaplana, como vienen denunciando desde que el partido está en la oposición. Unos y otros -socialistas, populares, verdes o nacionalistas- deberían mostrar algo más de respeto hacia los contribuyentes, hacia los ciudadanos, que son quienes han sido y siguen siendo estafados en casos como el de Terra Mítica. Algo de respeto y no respeto a secas, porque es evidente que se trata de una palabra que no va con ellos. Los benidormenses atónitos esperan que el asunto se aclare ante el penoso cruce de acusaciones de los políticos, que no buscan el esclarecimiento de la verdad, sino la consecución de sus intereses personales y partidistas. Se les olvida que si están ahí, viviendo de las cosas públicas, es para solucionar los problemas de nuestra sociedad y no para generarlos.

Zaplana está siendo víctima del fuego de la política rastrera que él mismo avivó contra otros políticos por rascar unos cuantos votos y ocupar las portadas de los periódicos. Las protestas en las Cortes o las declaraciones incendiarias no constituyen tareas de oposición en el sentido político de la palabra. Ser la oposición no obliga a rechazar cualquier medida que tome un gobierno, sino a contribuir a que el país sea bien gobernado y no por buscar cinco patas al gato se consigue. Esperemos que Eduardo Zaplana pueda demostrar su inocencia respecto al caso Terra Mítica y que no sea otro de esos políticos que acusan con las manos manchadas, porque, de esos, en España nos sobran.


5/04/2006

Polillas



Con todo este lío que se ha armado por los macrobotellones, dos cosas me han quedado claras. Una es que siempre hemos estado muy cerca de Francia, pero a la vez muy lejos. Y la segunda, más preocupante, es que los munipas forman parte del mobiliario urbano. El sábado en la portada de algunos periódicos aparecía la plaza de Zuloaga, en San Sebastián, vallada y vigilada por la Policía Municipal para evitar el anunciado macrobotellón en la ciudad.

Desde hace muchos años, los jóvenes se reúnen junto al monte Urgull los jueves, viernes, sábados y demás noches festivas para darle a la botella. Y en estos años los municipales no se han asomado por allí si no era de paisanos para unirse a la fiesta. Pero el viernes sí estuvieron y no de fiesta precisamente. Tenían órdenes de abortar la quedada, para lo que rodearon la plaza de vallas metálicas. Unos segundos de televisión han podido más que años de protestas de vecinos y comerciantes de la zona, hartos del ruido y la suciedad que generan las reuniones callejeras en torno a los briks de kalimotxo. Si los jóvenes en San Sebastián trataban de competir por ingerir más alcohol y ensuciar más metros cuadrados que los granadinos o los sevillanos, los municipales competían por ver quién ponía más vallas y daba más porrazos. Con un poco de suerte saldrían en la tele y ya se sabe cómo se disfruta el minuto de gloria.

No se les encontrará resolviendo una pelea o en las zonas donde se pasa droga, ni siquiera vigilando las calles por la noche. Tampoco a la salida de las discotecas para evitar robos y violaciones o reprender a algún vándalo. Lo suyo es pasear el chubasquero y sonreír a las cámaras, que el trabajo sucio no va con ellos. Lo primero es salvar la ciudad de las pandas de botelloneros, no vaya a ser que también manchen el nombre de la ciudad y baje puestos en el ranking de las ciudades más limpias del mundo.

La llevan clara los vecinos y comerciantes de la calle 31 de Agosto si quieren que sus protestas contra los grupos que se reúnen para delinquir e intimidar a los viandantes se oigan. Viendo cómo nos va, sería más eficaz llamar al amigo de Localia, que con su cámara y el efecto polilla lograría reunir a todos lo munipas en un tic tac.

Rayas


Esta primavera se llevan las rayas, ya sean marineras, de coca o carceleras. Después de un invierno vaquero-ranchero plagado de botas camperas, ante y flecos, las calles se han llenado de rayas andantes que recuerdan a los gondoleros venecianos, pero sin góndola, Venecia ni sombrerito de paja. De todos los colores, las rayas son un must está temporada. Nuevas o rescatadas del baúl de los recuerdos, pero imprescindibles en el armario de todo fashion victim que se precie. Si bien llevan décadas en boga, este año son las reinas indiscutibles de las pasarelas y aceras. Y es que todo cabe hablando de moda.

El famoseo se ha tomado demasiado en serio las tendencias y parece pelearse por hacerse un hueco en la prisión: Marisol Yagüe y la panda de Marbella, María José Campanario y su presunta estafa a la Seguridad Social, Otegi y su relación con ETA, Naomi Campbell y su afición a pegar a sus empleadas. Los cuatro han tenido que pisar la cárcel para dar cuenta de sus delitos y habrán estado cerca de vestir las rayas por antonomasia, las del uniforme de prisionero, las que no se encuentran en otro sitio y parece que demasiados persiguen esta temporada. Robar, estafar, defender la violencia, agredir. Cualquiera diría que no saben que no es necesario llegar tan lejos para hacerse con un trapo a rayas. Basta una mirada a las tiendas y mercadillos para no encontrar otra cosa.

También preocupantes son las rayas de coca. Según un informe del Ministerio de Sanidad, España es el país de la Unión Europea en el que más cocaína se consume, pero con mayor esperanza de vida femenina. Una cosa no quita la otra, aunque que quede claro que lo segundo no es consecuencia de lo primero. No vayamos a pensar que el consumo de cocaína alarga la vida. Al contrario. El problema es que cada vez se consume más cantidad de esta droga y a una edad más temprana, lo que de todas todas reducirá a medio y largo plazo la esperanza de vida de los españoles.

De toda esta mezcolanza de rayas, las menos perjudiciales son las de la moda que, aunque ya están camino de convertirse en una auténtica invasión en nuestras calles que produzca dolor de cabeza, no durarán entre nosotros más allá de esta temporada. Las otras rayas nos acompañarán más primaveras.

4/22/2006

Espera

La espera me mata.

4/19/2006

Días

Hay días felices y otros no tanto...

4/08/2006

Adiós


Es un vacío, un desgarro, un sentimiento de culpa, una voz temblorosa, unas ganas tremendas de llorar, de gritar. ¿Por qué a mí? ¿Por qué a ti? ¿Me hubiese ayudado un adiós? Quizás no. No lo sabré. Aun así, ¿cómo despedirse de alguien para siempre?, ¿cómo no culpar a Dios?

¿Por qué nunca te dije te quiero? Te quiero, te quiero, te quiero. ¿Me oyes? Te quiero. ¿Cómo compensarte por todas las veces que no estuve junto a ti, por todos los besos que no te di? ¿Cómo pagarte lo que hiciste por mí? Me llevabas de la mano camino del colegio, no te importaba tirarte al suelo para jugar con las canicas, esperabas sola en el parque hasta que anocheciese, me tejías bufandas. Y yo no me di cuenta de lo mucho que te quería hasta que te fuiste. Entonces, frente a la cama en la que descansabas, te pedí que volvieras. Agarrándote de la mano te acaricié el pelo y te hablé al oído, pero las enfermeras me dijeron que ya no me oías, que pertenecías a otro reino. Era ya tarde.

No puedo visitar tu tumba ni he vuelto a tu casa. Me han dicho que es hora de que me enfrente al pasado, a ti. La muerte no es un descanso, ni vida eterna, es el fin. La muerte es la distancia, no volver a verte, es dolor, es indiferencia y más tarde olvido. Y no quiero eso. No puedo superar tu muerte si supone olvido. Prefiero hablarte frente al espejo, pensando que sigues junto a mí, que no te he perdido. Te veo en otras mujeres, en tu sofá verde, en el olor a cominos, en la música de Machín.

Muchas noches te he soñado un ángel, con el pelo blanco y la piel suave me besabas en la mejilla. Y me pedías que cuidase del abuelo, que seguía junto a mí y que me necesitaba más que nunca. Tengo la impresión de que con él también llegaré tarde, y me volveré a arrepentir. Me culparé por no haberle dedicado más tiempo, por no haber aprendido la lección.

No quiero ir viendo cómo también los demás se van por la puerta de atrás. Pero no puedo vivir pensando en la muerte. Quiero cumplir días y no años, pensar en ti con una sonrisa en la boca, recordar cómo me pintabas de rosa las uñas de los pies. Quiero aprender a decir te quiero en el momento, a no arrepentirme después. Ver la muerte como el fin del camino, un camino que se recorre con otros, otros que todavía están aquí, y es aquí donde les tengo que decir cuánto les aprecio.

3/29/2006

Una para todos y todos para una


Ya llega Miss España, para muchos, entre los que me encuentro, el concurso menos esperado del año. Cuatro horas de esculturales cuerpos paseándose ante unos presentadores de excepción y un jurado de altura, que harán del 2 de abril en mi casa el día sin televisión, bastante más beneficioso para la salud que un día sin tabaco, que ya es decir. Y este año con la resaca de la gala de Mister España, el 31 de marzo. Demasiada “perfección” en tres días.

El concurso acostumbra a ser polémico: misses heridas por su eliminación que prodigan el tongo a los cuatro vientos, novios abandonados por los destellos de una corona, antiguas amigas que desvelan los secretos de belleza quirúrgica mejor guardados por la ganadora. Y esto no por dinero, venganza o notoriedad, sino por honor a la verdad, dirán. Luego están los problemas del sexismo, de la delgadez de las modelos…

El certamen, que pretende ser un trampolín hacia el mundo de la moda, está lejos de ser un concurso basado en la belleza y capacidad de las aspirantes. ¿Qué hay detrás de 52 cuerpos 90-60-90? Además de inteligencia, que no estamos aquí para ponerlo en duda, pues ya lo consiguen suficientemente los miembros del jurado con sus preguntas, intereses políticos y económicos. ¿Qué otra cosa podía mover los hilos en España?

La organización del concurso ha sido acusada de fraude varias veces, la más destacada en 2002, cuando Miss Alicante, una reportera de El mundo TV, estuvo a punto de conseguir la corona. Inés Sainz, María José Besora, Lorena Van Heerde… quién sabe cuántas más han podido resultar elegidas a golpe de talonario. Miss España tiene asegurada su presencia al menos todo un año en saraos y medios de comunicación y, como ella, la provincia a la que representa. Demasiado tentador.

El concurso, que ha sufrido muchísimos envites en los últimos años resiste como una roca los golpes del mar. Su prestigio se ha visto muy mermado, pero ahí sigue, esperando que lleguen unos cuantos escándalos más. Y el 2 de abril está cada vez más cerca. Ese domingo veremos si los españoles somos capaces de dejar a un lado nuestras rencillas -las polémicas por el Archivo de Salamanca, las negociaciones con ETA o el Estatuto de Cataluña- para elegir con honradez y justicia a la mujer más guapa del país de entre las 52 representantes. Una mujer que nos represente a todos, el símbolo de la belleza nacional. Casi ná. La gran incógnita no es saber quién será la próxima Miss España. ¿Habrá boicot a los productos catalanes?

3/24/2006

París juntos


Sólo me queda decirte: gracias.